Tenía mil ideas para sorprenderte pero una vez más la inseguridad y la rabia pudieron conmigo. Se desvanecieron todas mis ilusiones. Pero pasaron los días y tú volvías a llamar y ahora tienes a tu lado otra parte más de mí.
Así durante mucho tiempo, quizás demasiado, pero el justo como para no poder escaparme de este laberinto. Tal como comenzó, acabó. He llegado a repetirlo en alto más de cien veces, incluso a gritarlo, miles de lágrimas han recorrido mi cara, pero ni tú (creo) ni yo nos lo hemos creído aún. Probablemente sea lo mejor que nos podría pasar, pero ni la cochina distancia hace el olvido.
No quiero más despedidas vanas, ni piedras lanzadas por una felicidad efímera, quiero seguir maldiciéndote con una sonrisa, quiero verme en lo que escribes, quiero tantas tantas cosas...
A menudo me canso de esperar, de recordar ese 1% maravilloso, de verte en todas partes y no poder alcanzarte. Entonces, me retiro triste y desanimada, esperando ese "hola, ¿qué tal?" que me devuelve a ese estado del que no desearía irme jamás. Ya ves, lo poquito que necesitas para lanzarme a las estrellas o arrinconarme en lo más oscuro de la soledad.
No hago más que pensar y pensar, pero no encuentro la salida. Espero que seas el faro que me reconduzca a algún puerto, el futuro nos enseñará el adecuado.
Este puede ser el comienzo de esa huida que te prometí....